Que es la ansiedad

INTRODUCCIÓN

 

Hola, amigo lector. ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

En el artículo de hoy, me interesa hablarte de un concepto sobre el que suele tenerse una idea muy general, quizás demasiado. Es normal. Me refiero a la ANSIEDAD. 

Te invito a continuar leyendo, pues en este artículo aprenderás cosas que posiblemente no hayas escuchado antes.

 

Antes de todo, hagamos una cosa: Quiero que elabores en tu mente una imagen de una persona sintiendo ansiedad. Será CASI la única tarea que te pida en este artículo, ¡lo prometo!

¿Terminaste?

Pues bien, algo me dice que has acertado. Y si no… seguramente por muy poco.

¿Cómo puedo saberlo, si ni siquiera te he preguntado?

La cosa es, que la ansiedad es un fenómeno bien complejo, con multitud de formas de aparecerse. Digamos que cada persona tiene “su ansiedad personal”, y deberás descubrir cuál es la tuya.

Bueno, basta ya de introducción. Te invito amigo a seguir leyendo, pues estoy seguro que encontrarás utilidad en este artículo, ¡Eso me encantaría! Y si no, siéntete satisfecho de haberte esforzado por aprender algo nuevo hoy.

¡Vamos allá!

Pues bien, si en la tarea de antes te has imaginado a una persona agitada, nerviosa, agobiada, sudando, con los ojos vigilantes, con una respiración rápida, etc., ¡todavía hay mucho más!

 

MANIFESTACIONES DE LA ANSIEDAD

 

En el pensamiento

 

En primer lugar, la ansiedad puede deducirse de los propios pensamientos. Podemos encontrarnos a lo largo de nuestra vida a personas que a simple vista no parezcan nerviosas, pues externamente se ven tranquilas. Sin embargo, si nos metiéramos en su cabeza y observáramos sus “frases internas”, es posible que esa persona esté llena de preocupaciones, con una mente inquieta acerca de eventos próximos que le disgustan (preocupan, asustan, incomodan, etc.), hechos pasados a los que todavía da vueltas, etc. Puede ser un examen, una reunión de trabajo, lo que sea…. o incluso cosas que desde fuera otros llamarían “tonterías” o “exageraciones”. Pero para esa persona no lo son…

 

Ejemplo 1: Imagina a una persona que en un día de lo más común, sufre un accidente de coche (por poner un ejemplo de los infinitos que puede haber). Cabe la posibilidad de que esta persona durante los días posteriores se sienta inquieta o preocupada al pensar en la idea de salir de nuevo a la calle, o de conducir… Y aunque desde fuera pueda verse a la persona alterada, todavía lo vive de una forma mucho más intensa por dentro.

Ejemplo 2: Imagina a una persona que tiene que realizar una exposición en público, y le incomoda mucho… En la cabeza de esa persona pueden fluir en cuestión de unos minutos decenas de ideas rápidas y sin control: “todo el mundo me estará observando… sería horrible como me equivoco en algo… me quedaré en blanco… verán todos que estoy nerviosa… me estoy jugando la nota… no sé si me lo sé bien… no me acuerdo del texto de la última diapositiva…”, etc.

Si no te lo crees, haz un experimento: en el próximo evento que te preocupe (al menos un poco), presta atención a los pensamientos que te llegan sobre el evento. Es curioso comprobar cómo en muchas ocasiones ni nos damos cuenta de que son tantos, o de que están ahí.

¿Verdad que la situación del examen es muy común? Posiblemente hayas vivido algo similar. Pero… ¿de verdad eso es ansiedad?

 

¡Te lo respondo a continuación!

 

Por un lado, está la ansiedad que podemos tener TODOS en diversos momentos de la vida, y que en la mayoría de los casos no va a más. Puede ser una entrevista de trabajo, un examen, un primer encuentro con una pareja, un viaje, una consulta médica, etc. Sí que es ansiedad, pues realmente va acompañada de una serie de señales (inquietud, nerviosismo, respiración rápida, sudoración, preocupaciones… o bien la típica pérdida de apetito o problemas digestivos varios… hay muchas señales, y cada persona tiene las suyas). Esta ansiedad que todos podemos tener en cualquier momento, suele desaparecer al poco tiempo o cuando finaliza el evento que nos preocupa, sin dejar apenas rastro. Además, es una reacción comprensible dado el evento, y generalmente no nos produce ninguna limitación en nuestra vida. Los síntomas, aunque son desagradables o incómodos, se pueden tolerar en la mayoría de los casos.

Pero, en algunas personas y por razones muy diversas, se desarrolla una ansiedad mucho menos agradable. En el caso de la ansiedad considerada patológica, ésta sí provoca una gran interferencia en la vida de la persona, pues los síntomas son mucho más intensos, frecuentes y duraderos. Digamos que nuestra vida pasa a girar en torno a ese malestar que nos produce la ansiedad y a las situaciones que nos la provocan. Además, las reacciones que se producen a nivel físico y mental a partir de ella no suelen ser “comprensibles”, pues son desproporcionadas respecto a la situación real que las provoca (imagina en este sentido a una persona que cada vez que se cruza con un ratoncito, actúa y sufre igual que si se tratara de un león que lleva días sin comer y está a un metro de distancia). Pues bien, de entre todas sus cualidades, una de las claves más importantes para detectarla, está en el grado de interferencia que esta ansiedad está causando en la vida de la persona (a nivel físico, social, laboral, familiar, etc.).

Bueno, me he dejado muchas cosas dentro de este apartado. Pero como resumen, creo que te será de ayuda.

 

Más cambios en el pensamiento

 

No resulta nada extraño en personas que están sintiendo ansiedad, que sus pensamientos también cambien acorde a su estado. Al igual que las emociones (tristeza, alegría, miedo, ira, etc.) tienden a cambiar el color que les damos a nuestras experiencias, en la ansiedad pasa lo mismo (pues ésta va cargada de emociones también).

Imagina: piensa en un día muy agradable (has quedado con amigos, has disfrutado de tu tranquilidad, es un día de fiesta, etc.) y en otro desagradable (un día de mucho trabajo, apenas sin tiempo para descansar, has tenido conflictos familiares, etc.). Puedes imaginar la situación que gustes. O incluso mejor: una que hayas vivido recientemente. Pues ahora te hago una pregunta:

-Si te dieran al final de ese día una mala noticia, ¿la interpretarías de la misma forma?

 

Pues posiblemente no. Tu estado de ánimo más relajado tras haber tenido un buen día, puede que te lleve a valorar más positivamente la situación. En cambio, tras un día agitado, sobre cualquier noticia que te den, quizás tiendas más a fijarte en el lado negativo, e infravalorar lo positivo que lo acompañe.

En resumen: esto también pasa cuando tienes ansiedad. Y no es de extrañar que tu interpretación de las cosas se aleje bastante de la objetividad que tanto deseamos todos.

Entre los problemas más frecuentes, encontramos precisamente eso, una tendencia a percibir la realidad de un modo no objetivo, exagerado y teñido de negatividad. Volviendo al ejemplo del examen, probablemente nuestro cerebro nos acerque a una posibilidad desastrosa (suspenderé, me quedaré en blanco, repetiré curso…), o al menos altere en cierta medida nuestra forma de ver ese suceso (aunque en realidad hayamos estudiado mucho y la probabilidad de suspender ser más baja de la que nos dice nuestro estado ansioso). Cabe estar atento por ello a esos pensamientos que aparecen junto a la ansiedad, y que no suelen ser objetivos, aunque en ese momento creas que sí lo son.

¡No te asustes! Pues esto no afecta de igual modo a todas las personas. Simplemente, tómate tu tiempo para observarte y comprobarlo.

 

En la memoria y el sueño

 

La presencia de ansiedad por un evento próximo, puede fácilmente afectar también a nuestro sueño, en forma de problemas varios como dificultad para dormirse, despertares frecuentes durante la noche o levantarnos a horas muy tempranas. También es común en ocasiones tener pesadillas o por lo menos sueños de contenido similar al  evento que nos incomoda.

Por ello, ante la presencia de un sueño alterado, si sabes que no es lo habitual en ti… cabe la posibilidad de que haya alguna preocupación que te lo esté causando. En muchos casos la persona piensa que las preocupaciones que tiene son débiles, y sólo a través de estas señales puede intuir que quizás no sea así, y haya que profundizar un poco más.

Otras alteraciones cuando sufrimos ansiedad pueden mostrarse en la memoria (seguro conocerás, yo desde luego, a personas que dicen haber estudiado mucho, pero el día del examen se quedaron en blanco, o no tuvieron el rendimiento que tenían en los ensayos en su casa). También es común si tenemos una mañana algo movida, o estamos inquietos por algo, que nos olvidemos de cosas (por ejemplo, un regalo de cumpleaños en casa. Despistes). Bueno, pues estas y algunas más pueden situaciones que podemos vivir todos en algún momento, sin que ello sea necesariamente un problema serio.

 

En las emociones

 

El poder que tiene nuestra mente sobre las emociones es muy grande. Y al revés también. Es comprensible que ante la presencia de ansiedad, haya alguna variación en nuestras respuestas emocionales. Podemos encontrar conductas agresivas o facilidad para el enfado (fíjate cuando estés muy preocupado por algo, si te irritas con más facilidad. A todos nos ha pasado), apatía, sentir ganas de llorar, hiperactividad, deseo de estar solo o de que no nos molesten, tristeza, culpa, desvalorización, desesperanza, etc.).

 

En el organismo

 

El cuerpo y la mente siempre se están comunicando, en todo momento. Supongo que a todos nos ha pasado que en situaciones de nervios se nos ha cerrado el estómago, se nos ha secado la garganta, o tenemos más ganas de ir al baño, etc. Pues bien, la ansiedad puede influir en tu cuerpo de muchísimas formas. Y en este sentido, tendrás que ver de qué forma reacciona tu cuerpo ante las situaciones que te generan ansiedad. Al fin y al cabo, cada persona es única.

La ansiedad implica cambios en el sistema circulatorio, hormonal, en la temperatura, en los órganos internos, en el sistema inmune, etc. Un fenómeno bien curioso sin duda, y complejo…

 

Os pondré una tabla con ALGUNOS de ellos. Espero os podáis localizar, si se da el caso:

 

MANIFESTACIONESEJEMPLOS
Problemas gastrointestinalesDolor, malestar, ganas de vomitar, pérdida de apetito (o ganancia), ganas de ir al baño...
Problemas respiratoriosTos, dificultad para respirar o sensación de ahogo, hiperventilación (respiración demasiado rápida)…
Problemas circulatoriosTos, dificultad para respirar o sensación de ahogo, hiperventilación (respiración demasiado rápida)…
Problemas muscularesDolor en la espalda, cervicales, rigidez o tensión muscular, dolor de pecho…
Problemas en la pielPérdida de color (verse blanco), enrojecimiento, aumento de las manchitas típicas, irritaciones…
OtrosTemblor, cuerpo inquieto, temperatura corporal alterada (baja o alta) e incluso en las extremidades, fatiga o cansancio, sensación de mareo o desmayo, pérdida de cabello, problemas sexuales varios, problemas de vejiga, dolor de cabeza…

 

Hay muchísimos, y cada persona tiene los suyos. Por ello, no te quedes sólo con esta tabla, y tómate tu tiempo para observarte.

A todos nos gusta descubrir cosas nuevas sobre nosotros, ¿verdad?

Por último, destacar que la ciencia por suerte va avanzando. Por ello, no debemos olvidarnos que incluso enfermedades que parecen ser únicamente físicas, también pueden favorecerse de un manejo de la ansiedad que sin duda las afecta, en mayor o menor medida. Como ejemplos, tenemos la fibromialgia, diabetes, asma, alergias, cáncer, enfermedades digestivas, respiratorias, etc. El tema es amplio, y creo que ya has leído lo suficiente. 

Bueno, espero haberte enseñado cosas útiles con este artículo.

¡Un abrazo enorme de parte de Álex!

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