“Por favor, que las de tu generación no olviden lo que hicimos nosotras”

 

Hola. Un saludo de parte de Silvia. Espero te guste esta crítica/reflexión a favor de la igualdad de hombres y mujeres:

Estas son las palabras que la ya fallecida escritora Ana María Matute le dijo a la poetisa Elena Medel.
Porque sí, el movimiento feminista ha logrado muchos avances, y han sido muchas las mujeres y también los hombres que han combatido valientemente por los derechos de las mujeres. Y sí, somos muchas y muchos los que recogemos su testigo y seguimos trabajando, porque aún queda mucho por cambiar. Y lo que cosechemos ahora, será recogido por las generaciones venideras, y que ellos también colaboren hasta que nuestra sociedad tenga asimilada la ley IGUALDAD PARA TODOS Y TODAS.   
   Recordemos que un principio fundamental de la Carta de las Naciones Unidas, aprobada por los dirigentes del mundo en 1945, es derechos iguales para hombres y mujeres y la protección y el fomento de los derechos humanos de las mujeres como responsabilidad de todos los Estados. Porque cuando hablamos de los derechos de las mujeres estamos hablando de los derechos humanos.

Echemos la vista atrás

   Repasemos brevemente nuestra historia: en una multitud de culturas y sociedades, las mujeres hemos sido consideradas y tratadas como seres inferiores, “el sexo débil” que dicen algunos.
    Nuestra educación se limitaba a aprender labores del hogar y el máximo horizonte de realización personal  era el de ser madre. Nuestra misión era: cocinar, limpiar, coser, criar y satisfacer a otros.
    Así, sin libertades individuales ya que primero  estaban bajo la tutela del padre y luego bajo la del marido, y en algunas culturas también bajo la de los hijos, hermanos y otros hombres.
     Afortunadamente hemos avanzado bastante, pero no suficiente, el camino es largo y los obstáculos constantes como vienen a ser las escandalosas cifras de la violencia de género o la vergonzosa discriminación salarial.

   Sin caer en un discurso victimista, pensemos que los derechos de las mujeres han pasado por diferentes etapas en la historia, hemos dado pasos hacia delante, alguno que otro hacia atrás, y es que, nos guste o no, venimos y vivimos bajo la dominancia de una cultura patriarcal machista muy arraigada.
   
Herencia feminista

   Este es un discurso optimista, tenemos que sentir orgullo de la herencia que estas mujeres y hombres nos han legado, y más en  nuestro caso, ya que venimos de una dictadura en la que se perdieron los derechos conquistados hasta entonces.
    Por lo tanto, enaltecemos la revolución feminista que nos ha dado la oportunidad de estudiar un título universitario, ejercer el derecho al voto, la incorporación al mercado laboral,  el control sobre nuestro cuerpo y  sexualidad, opinar, decidir sobre nuestro propio destino, así como tomar decisiones sobre nuestra vida… por poner algunos  ejemplos.
    Las mujeres hemos conseguido estar presentes en muchos de los campos que antes estaban reservados sólo para los hombres, como son la ciencia, el arte, la tecnología, política, los medios de comunicación, la literatura, el deporte… De la sumisión y obediencia a la libertad, la independencia y autonomía. Las mujeres hemos asumido el poder en la sociedad y también el compromiso y la exigencia que supone.
    Llegados a este punto destacar también la transformación de los hombres, que también forman parte de esta revolución, compartiendo la crianza de los hijos, las bajas por paternidad, las tareas domesticas… en fin, hombres que han sabido adaptarse y desprenderse de las costumbres machistas.

El deber nos llama

     Aunque es cierto que algunos de estos logros y avances aún están en proceso, la idea es que hemos progresado y seguimos buscando un modelo social en el que los conflictos discriminativos sean subsanados a través de la educación en igualdad, con valores que promuevan la paridad entre hombres y mujeres, siempre desde el respeto, la inteligencia y dando ejemplo.
    Sentenciemos la violencia, el dominio, la agresividad, las creencias dominantes de que no somos semejantes, de que no tenemos los mismos derechos, porque ahora es nuestra responsabilidad, es de nuestra incumbencia establecer definitivamente una sociedad más justa y por ende, más sana.

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