¿Actuamos siempre de forma racional?

 

Hola, amigo lector. ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

Hoy te hablo de un tema extenso, pero muy interesante no cabe duda. ¿Somos seres racionales? ¿Actuamos siempre de forma lógica? Pues bien, para motivar tu reflexión, me atrevo a ponerte algunas ideas útiles sobre este tema.

Espero que te guste. ¡Adelante!

Recuerdo mis años de instituto, donde en la asignatura de Filosofía estudiábamos a grandes pensadores como Platón, Descartes, Nietzsche, Aristóteles, y algunos más de suma relevancia. Ya en aquel tiempo se le daba una gran importancia al pensar racional y a la lógica. Trataron durante años averiguar cómo razonamos las personas y hasta dónde podemos llegar. Las emociones y el papel que juegan en nuestra adaptación al mundo, quedó en un segundo plano en aquella época, aunque sería retomado y de forma muy extensa tarde o temprano.

 

LA MENTE RACIONAL

 

Es indudable que nuestra mente tiene un potencial increíble. Y eso se lo debemos en gran parte a nuestra capacidad de razonar, de tomar decisiones. Si las emociones dominaran en nuestra vida, nuestro abanico de posibilidades estaría mucho más limitado, y siempre actuaríamos de una forma muy rutinaria y sencilla. Pero por suerte, tenemos una capacidad única para adaptarnos al mundo y ello se lo debemos a esa complejidad que sólo nosotros tenemos. Podemos elaborar juicios sobre el mundo, hacer predicciones sobre el futuro con bastante exactitud, utilizar nuestra inteligencia y creatividad para lograr nuestros objetivos, darle sentido a las cosas, etc.

Sin embargo, es necesario aclarar algo. Si bien lo dicho anteriormente es cierto, debemos tener en cuenta que no siempre acertamos con nuestras decisiones. Incluso me atrevo a decir que no siempre actuamos de forma racional. ¿Te parece extraño? Continúa leyendo y te lo muestro:

 

¡Permanece atento, lo que viene es interesante!

 

A veces creemos que hemos actuado de forma racional, con una amplia reflexión detrás de nuestra decisión. A mi me ha pasado que después de equivocarme en algo, he argumentado “a posteriori” por qué hice lo que hice. Pero… ¿de verdad esos argumentos existieron? ¿O los estoy elaborando después? Pues bien, el hecho es que a menudo actuamos de forma muy rápida, yo diría que automática, y es esa rapidez la que a menudo (no siempre, por supuesto) nos lleva a no tomar buenas decisiones.

¿Tienes curiosidad por saber de lo que te hablo?

Te pondré un par de ejemplos:

 

Ejemplo 1:

  • Imagina que cada año viajas en avión a tu destino de vacaciones. Pero este mes coincide con que dos aviones se han accidentado gravemente. A la semana siguiente tienes el vuelo.

¿Te sentirías igual de seguro que los otros años?

  • Imagina ahora que vas a salir de noche a correr por tu zona, y antes de salir escuchas en la televisión la noticia de un secuestro a una persona por la noche, en una provincia lejana.

¿Saldrías a correr con la misma tranquilidad que otros días?

La mayoría de personas habrían fácilmente cambiado su comportamiento, o tomado precauciones. Y esto se debe al llamado “sesgo de disponibilidad”: juzgamos la probabilidad de un acontecimiento por la facilidad con la que los ejemplos de ese suceso vienen a la mente. Si un suceso lo tenemos muy reciente o nos viene rápido a la mente en el momento de tomar la decisión, lo vemos como más probable aunque la probabilidad real no haya cambiado en absoluto. Es decir, a pesar de no saber la probabilidad de que algo ocurra, cuando tenemos el ejemplo en nuestra mente lo vemos como algo muy probable. Esto nos ocurre a todos.

 

Ejemplo 2:

Muy sencillo. Tienes que decidir si eliges a un/a candidato/a como presidente / líder / delegado (tú decides el ejemplo). Y comienzan la descripción de la siguiente manera:

  • María es muy apta para el puesto. Es una líder inteligente y fuerte.

¿Te da buena impresión, verdad? ¿La elegirías?

Pues bien, imagina que en vez de la anterior, hubiesen dicho la siguiente frase:

  • María es muy apta para el puesto. Es una líder inteligente y fuerte, aunque corrupta y cruel.

¿Ha cambiado tu opinión en esta segunda versión? ¿La elegirías?

Pues lo cierto es que la persona sigue siendo la misma, tan sólo cambia la información disponible que tienes de ella (la que te han dado). La conclusión de esto es que la mente tiende a quedarse con la información que tiene disponible y en base a ella elabora juicios y toma decisiones. El problema está en que a menudo nos quedamos con la información que tenemos, sin pensar que quizás exista mucha más, o que ésta no sea cierta. Muchos dirían que no ha sido una decisión lógica.

 

FUNCIONAMIENTO DE LA MENTE RACIONAL

 

Resumiendo mucho, nuestra mente trabajaría de dos formas distintas, dependiendo de las circunstancias. Pasemos a explicarlas brevemente:

  • Sistema 1: A menudo, más de lo que piensas, nuestra mente actúa en un modo de bajo esfuerzo o bajo rendimiento (en modo piloto automático por decirlo así). Se dedica a generar de forma bastante automática impresiones y sentimientos sobre el mundo, y nos basamos en ellos para tomar decisiones rápidas.

Sería algo rápido e involuntario. Y es que la mente ha aprendido a resolver problemas con cierta rapidez (como un hábito), aunque de este modo abra la posibilidad de cometer ciertos errores de razonamiento por el camino, al saltarse pasos fundamentales de la toma de decisiones. Este funcionamiento del cerebro te permite utilizar el mínimo esfuerzo posible para resolver los problemas y es por ello que tendemos a tomar decisiones en la vida a menudo de una forma precipitada, como podéis observar en los ejemplos anteriores. Claro, y es que… ¿quién tiene tiempo para razonar amplia y detenidamente todo lo que le ocurre cada día? Hay veces que la vida te exige tomar decisiones rápidas, y para ello existe el Sistema 1, y no lo hace del todo mal.

  • Sistema 2: Pero, en ocasiones, la mente (nosotros) decide centrar la atención en las actividades mentales que lo demandan, programando de forma voluntaria las tareas de atención y memoria para dar lugar a una sensación de estar actuando, eligiendo y concentrándose. Digamos que nos ponemos serios en resolver el problema, dirigiendo aquí sí de forma voluntaria nuestra atención y esfuerzo a resolver la tarea.

 

Esto requiere estar prestando atención y dirigiendo voluntariamente el razonamiento. Pues bien, cuando dejamos que el Sistema 2 se apodere de la situación y evitamos que el Sistema 1 (más automático) saque una conclusión rápida (que es más rentable en tiempo y esfuerzo, pero más susceptible de cometer errores), entonces las decisiones que tomemos se acercarán posiblemente más a la realidad.

 

CONCLUSIONES

 

Entonces… ¿actuamos siempre de forma racional? La respuesta es NO. La conducta humana es en gran medida irracional. Se ha demostrado ya de sobra, en estudios científicos, que las personas exhibimos errores y sesgos recurrentes en la toma de decisiones. De hecho, el porcentaje de ocasiones donde estamos en modo “piloto automático” es muy alto. Actuamos generalmente con conductas que hemos ido convirtiendo en automáticas con el tiempo (y las hemos convertido en hábitos; no serían por tanto decisiones en su sentido estricto). ¡Os invito a comprobar esto hoy mismo!

Quizás, amigo lector, te resulte extraño este tema. Lo es. Te pido que no te compliques: la conclusión es que no siempre tomamos decisiones lógicas, ni utilizamos correctamente toda la información que tenemos para tomar una decisión. Nos pasa a TODOS. A menudo nuestro cerebro actúa de forma más perezosa dejándose llevar por el piloto automático, cometiendo errores debido a un juicio demasiado rápido.

Posiblemente hayas escuchado alguna vez: “no tiene lógica ninguna lo que has hecho”, “no has tomado una buena decisión” “no tiene ningún sentido eso”. Es normal. La persona que lo dice, también cumple este hecho, eso seguro. Tómate tu tiempo para razonar todo esto.

Con esto finalizamos. Espero haberte aportado información útil sobre este tema.

Un saludo enorme de parte de Álex. ¡Nos vemos!

 

Fuente consultada: libro “pensar rápido, pensar despacio” de Daniel Kahneman 

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