El duelo. Cuando perdemos a una persona cercana. Parte teórica

 

INTRODUCCIÓN

 

Hola amigo lector. ¿Qué tal todo hoy? Espero que bien.

Hoy te traigo un tema de gran relevancia, y del que se sabe poco a pesar de ser algo frecuente. Te hablo del proceso y afrontamiento del duelo. Prácticamente todas las personas experimentan en sus vidas la pérdida de un ser querido a lo largo de su historia. Este proceso por el que han de pasar y avanzar, normalmente va acompañado de emociones y pensamientos muy intensos, que alteran el funcionamiento de la persona a todos los niveles. Por ello, este artículo va dirigido a todos aquellos que quieran saber más acerca de este proceso, y que de forma general puedan diferenciar entre un proceso de duelo normal y uno complicado o «patológico».

No todas las personas lo afrontan de la misma manera. Cada uno vive su propio duelo. Y a diferencia de lo que muchos creen, no todas las formas de vivir ese duelo son sanas. El duelo considerado «normal» puede ser tan diverso como te puedas imaginar. Pero una serie de características harán que ese duelo se considere un «duelo complicado», algo que necesitará una ayuda extra. En ese caso, la ayuda psicológica de forma profesional es muy necesaria, pues la recuperación de la persona no seguirá ni de lejos el mismo ritmo que en el duelo normal.

Siéntete cómodo de leer este artículo, y obtener información útil para ti o cualquier persona que pueda necesitarla a tu alrededor. Estoy seguro de que te resultará interesante. Adelante.

 

REACCIONES DE DUELO HABITUALES

 

Ante la pérdida de un ser querido, las personas suelen sufrir cambios a todos los niveles. Sus comportamientos cambian o surgen nuevos, surgen pensamientos e ideas de todo tipo, el cuerpo manifiesta somatizaciones (síntomas físicos, corporales, derivados de ese sufrimiento psicológico), surgen emociones muy intensas de amplia variedad, complicaciones en el día a día (problemas de sueño, alimentación, problemas sociales y laborales…), etc. Cada persona reacciona de una manera, y son muchísimas las formas de vivir el duelo, todas ellas consideradas como normales desde el punto de vista psicológico. El duelo considerado como complicado, lo explicaré más adelante. Entre las reacciones que pueden observarse (no están todas), podemos señalar algunas como estas:

 

Sentimientos

Tristeza: es el más habitual, poca explicación cabe. La tristeza puede observarse de una forma más directa mediante frases, gestos o mediante el llanto; pero también muchas personas pueden tratar de ocultarla o rechazarla (aunque la sientan), con conductas diversas como un exceso de actividades o responsabilidades, ejercicio físico, salir mucho de fiesta, beber, etc. Os adelanto algo: tratar de impedir que la tristeza se exprese, puede acabar en un duelo complicado, más peligroso por decirlo así.

Ira: puede expresarse hacia sí mismo (por ejemplo, muchas personas piensan que podrían haber hecho algo para evitar la muerte), hacia la persona fallecida (por ejemplo, en el caso de una muerte por suicidio es habitual sentirse enfadado con esa persona), o incluso hacia otros. Dirigir la ira hacia uno mismo, puede ser algo muy peligroso y requiere tratamiento psicológico, pues puede llevar a una depresión grave o incluso autolesiones o ideas suicidas. 

Soledad: destacar de forma especial el fallecimiento de la pareja o cónyuge. La soledad puede venir de la pérdida del contacto físico, del tiempo que pasaban juntos (a diario y en todo tipo de situaciones), de las actividades o proyectos que realizaban en común, etc. Perder a una persona que ha estado muy presente en nuestra vida, hace que todas las rutinas cambien, todo el funcionamiento cambia. Y la soledad es lógico que aparezca.

Culpa y remordimiento: lo más frecuente es que no exista, objetivamente hablando, razones para la culpa. Suele ser un sentimiento habitual, pero a la vez irracional. Pero habrán situaciones donde, desgraciadamente, la persona que ha perdido a alguien sí que pueda tener relación alguna con la causa de la muerte. Habrá que valorar cada caso, y buscar ayuda si esto ocurre.

Ansiedad: debido a los cambios que la muerte produce a todos los niveles, muchas personas tienen grandes dificultades para adaptarse a los nuevos cambios. La ansiedad surge de esa dificultad de adaptación. A veces, ocurrirá que esa ansiedad se convierta en una verdadera fobia o se exprese con ataques de ansiedad.

Otros sentimientos: desamparo, añoranza, shock (sobre todo en las muertes repentinas, traumáticas, o no esperadas), indiferencia o apatía, etc.

Sentimientos «positivos»: puede ocurrir que, debido a las numerosas emociones que la persona debe afrontar a la vez en el duelo, se produzca una insensibilidad impulsada por nuestro cerebro que busca protegernos. Quizás afrontar todo a la vez sería algo extremadamente doloroso, y por ello se produce esto. Pero, tarde o temprano todo tendrá que ir saliendo y hacerse consciente para poder avanzar. Asimismo, también podemos encontrar sentimiento de alivio. Por ejemplo, en el caso de una persona que ha estado enferma durante mucho tiempo y con mucho sufrimiento. Al marcharse, podemos sentir alivio de que esta persona ha dejado atrás ese sufrimiento.

 

Pensamientos (cogniciones):

Incredulidad: «no puede ser», «debe ser un error», etc. A menudo ocurre que resulta muy difícil creer, que ha pasado aquello que tanto tememos. No es malo siempre y cuando la persona acabe solucionando esa creencia. 

Confusión: puede ocurrir también que no podamos concentrarnos o que las ideas en nuestra cabeza se vuelvan desordenadas o difusas. Que no podamos pensar con claridad u ordenar nuestros pensamientos.

Preocupación: sobre muchos temas: sobre la persona fallecida, sobre aquellas personas que se han quedado solas, sobre uno mismo, etc. Ideas intrusivas y persistentes de todo tipo, que es habitual que estén presentes.

 

Conductas:

Problemas de sueño: dificultad para dormirse, despertares frecuentes, despertarse a horas muy tempranas, sueños desagradables o pesadillas (a menudo relacionadas con la persona fallecida), pérdida de calidad en el sueño, etc.

Problemas de alimentación: cambios de peso originados por comer en exceso o demasiado poco. La pérdida o ganancia de apetito propiamente dicho, por causas somáticas, puede existir; pero también que comamos para afrontar mejor las emociones negativas.

Retraimiento: no sentirse con ánimos de salir con gente o divertirse. A menudo también la persona puede intentar evitar ver las noticias o leer los periódicos que le recuerden situaciones similares a las que ha vivido. También puede haber un intento de evitar a personas que tenían relación con la persona fallecida, para así no sentir tanto dolor al estar con ellos. Pueden ser muchas las formas de expresar el retraimiento. Pero es algo dañino permanecer en él.

Otras: estar distraído, suspirar, estar más agitado o hiperactivo, llorar, etc.

Conductas relacionadas con el fallecido: podemos ver a personas que deciden guardar objetos del fallecido y conservarlos o cuidarlos, que hablan en voz alta al fallecido o se dirigen a él, que visitan lugares que visitaban juntos o que le gustaban al fallecido, o que realizan actividades que el fallecido realizaba para sentirlo cerca, etc. Hay muchas conductas que pueden confundir, al no saber si son buenas o malas para la recuperación. Por ello, nada mejor que un profesional que nos pueda dar información de esto, pues a menudo una misma conducta puede ser mala o buena.

 

Sensaciones físicas o somáticas:

Vacío en el estómago, opresión en el pecho, nudo en la garganta, falta de aire o aliento, sequedad en la boca, debilidad muscular, falta de energía, etc. Son muchas las reacciones de nuestro cuerpo a raíz de esa vivencia tan intensa. Esos síntomas no se pueden controlar voluntariamente, y habrá que convivir con ellos de la manera más positiva que se pueda, hasta que el duelo vaya afrontándose adecuadamente y todo ello vaya desapareciendo con el tiempo. O bien con ayuda de un profesional que tenga en cuenta otras estrategias.

 

MEDIADORES DEL DUELO

Hemos hablado de que cada persona pasa por su propio duelo. Y en la mayoría de casos, hablaremos de un duelo normal. Pero hay variables que pueden influir en el tipo de duelo que se elabore, el tiempo que éste dure, la gravedad, etc. Digamos que afectarán a que el duelo se produzca bien, o en cambio se complique hacia algo más severo llamado «duelo complicado». Estas variables se llaman mediadores del duelo:

 

Cómo era la persona fallecida: 

No es lo mismo la pérdida de un hijo que la de un primo lejano. Tampoco será igual la pérdida de alguien con quien se tenía una relación cercana y agradable, que con quien no. Pues bien, son varias las características de la persona fallecida, que harán que el impacto sea más brusco y el duelo se complique. En cada caso habrá que analizar qué aspectos de la persona fallecida eran importantes para la persona que está pasando el duelo.

 

El tipo de relación con la persona fallecida: el apego

  • Intensidad del amor o los sentimientos hacia la persona fallecida.
  • El nivel de seguridad que la persona fallecida daba a la persona del duelo. ¿Cómo de necesario era en su vida, a nivel emocional?
  • Tipo de relación: la calidad de la relación puede afectar a cómo se elabora el duelo posterior. Pudo ser una relación sana, ambivalente, de amor-odio, de dependencia, etc.
  • Nivel de dependencia: es decir, ¿hasta qué punto la persona en duelo necesitaba a la persona fallecida en sus diferentes rutinas o tareas?: temas económicos, temas del hogar, cuidado de los hijos, tareas que únicamente sabía hacer él/ella, etc. 
  • Etc.

 

El tipo de fallecimiento

  • ¿Dónde ha ocurrido?: ¿cerca, o lejos en otro país? ¿lo he podido verlo con mis propios ojos, o me lo han comunicado?…  Algunas personas que han perdido a un familiar o amigo que vivía muy lejos, pueden tener una sensación de que no ha ocurrido, pues no lo han podido presenciar. El perder a alguien en la propia casa, a veces es preferible para algunas personas pues pueden darle la atención que se merece, comprobar que ha ocurrido, o estar en sus últimos momentos. Pero este tema es amplio, pues no siempre es así. 
  • ¿De qué manera ha ocurrido?: las muertes repentinas o inesperadas son siempre más difíciles de superar. Perder a un familiar que no tenía por qué morir ese día o de esa manera, puede resultar muy duro. En cambio, en la muerte natural, el proceso de duelo es más sano pues la muerte era esperada. Si fue una muerte violenta o traumática, también es un factor negativo. La forma en que ocurrió, o las circunstancias, también pueden tener una gran influencia. Tanto es así, que a menudo puede desarrollarse un trastorno de estrés postraumático a raíz de una muerte traumática.
  • Tipos de pérdidas: las pérdidas múltiples, de varias personas, complica siempre las cosas. Pues lo ideal es poder realizar el duelo correspondiente con cada persona por separado, dedicarle a cada persona el tiempo que se merece. Pero en el caso de una pérdida múltiple, esta acción no puede llevarse a cabo de forma sencilla. También si la pérdida pudo ser evitada, pueden surgir los tan dañinos sentimientos de culpa comentados en el primer apartado. Los casos de una muerte ambigua, pues aunque no es lo habitual, puede ocurrir que una persona no sepa si la muerte realmente ha ocurrido (porque no lo ha podido ver con sus propios ojos, porque cabe la posibilidad de que esté desaparecido pero con vida, etc.). O el caso de las muertes estigmatizadas, es decir, un fallecimiento que puede no estar bien visto por la sociedad. Entre muchos, podemos destacar por ejemplo el suicidio o la muerte por las drogas.

 

Antecedentes o características de la persona en duelo: 

Temas históricos o biológicos:

  • Duelos anteriores (si los superó bien o surgieron complicaciones); también si esa persona tiene una historia o predisposición a la depresión o ansiedad, etc.
  • El sexo y edad: podemos encontrar diferencias, aunque esto es relativo, pues hablamos de generalidades. Hombres y mujeres suelen mostrar patrones de conductas distintos. También la edad suele llevar consigo formas distintas de vivir estos sucesos.
  • Etc.

Variables de la personalidad:

  • Estilo de afrontamiento: ¿qué hace cada persona para afrontar su malestar? ¿se centra más en sus emociones y busca el apoyo social? ¿utiliza estrategias como el humor u otras para descargar tensión emocional? ¿qué hábitos o rutinas nuevas ha adquirido? ¿ha decidido evitar situaciones o emociones desagradables? ¿ha optado por expresar de forma activa su dolor? Cada persona tiene un patrón propio para afrontar esta situación. Y lo cierto es que el afrontamiento activo es la mejor opción: hacer conscientes y afrontar los sentimientos, buscar apoyo social de amigos y familiares, tener actividades similares a las que se tenían antes, hábitos sanos, etc.
  • Personalidad de la persona: si tiende a rumiar o preocuparse mucho por las cosas, si es muy auto-exigente o se impone ciertas conductas que no puede cumplir («no llores», «sé fuerte»…), si tiende a la depresión o es muy sensible, etc. Serán muchas las variables que entren dentro de esto.
  • Estilo de apego por la persona fallecida: la relación con esa persona es muy importante. Una relación que era sana, siempre se afronta mejor (aunque parezca lo contrario). En cambio, podría ocurrir que existiera una relación conflictiva, con muchas discusiones, o con temas sin resolver adecuadamente (podría aparecer culpabilidad después, pues todo ello pudo resolverse en vida y no se hizo), una relación de dependencia (generaría una mayor soledad, un problema de identidad personal), etc. Cada caso es único y habría que valorarlo.
  • Creencias y valores propios; sobre la muerte y la vida, etc. La propia ideología personal y forma de ver la vida, ayudará o perjudicará dependiendo del caso.

Variables sociales

  • Apoyo social: no consiste en tener personas en quienes apoyarse. Es más bien la percepción por parte de la persona de que las tiene y de que son importantes para él/ella. Tener ese apoyo social siempre es beneficioso, incluso necesario.
  • Desempeño de roles: una persona que es trabajador, amigo, padre, miembro de alguna asociación, etc., lo superará mejor que una persona que antes del fallecimiento no tenía tanta diversidad de papeles distintos en su vida. La soledad será mucho más pronunciada.
  • Factores religiosos y espirituales: pertenecer a alguna comunidad espiritual o religiosa, la fe, la idea de reencarnación o de reencuentro, etc. Dependiendo del caso, podemos encontrar variables que sean positivas, o incluso negativas.

 

EL DUELO COMPLICADO

Ya hemos visto algunas variables (los mediadores del duelo, el punto anterior) que afectan a que el duelo se vuelva más fácil o difícil. Así, podemos encontrarnos con un proceso de unas características determinadas, de mayor intensidad, o que esté durando demasiado para lo que se considera normal. Si bien hemos dejado caer algunas pistas de lo que podría ser el duelo complicado anteriormente, te ofrezco algunas pistas más:

 

¿Alguna otra forma de identificar el duelo complicado?

Pues bien. También puede ser útil fijarse en cómo está progresando el duelo. Para ello, te expongo estas cuatro posibilidades, todas ellas perjudiciales:

  • Reacciones de duelo crónicas: cada duelo tiene una duración concreta. No existe un tiempo determinado para diferenciar el «duelo normal» de uno que no lo es. Sin embargo, hay ocasiones donde van pasando los años, y la persona no mejora. Como si no estuviera avanzando a pesar de haber pasado mucho tiempo, o que la propia persona diga que todavía no consigue volver a ser la de antes. Es normal en situaciones especiales (como el aniversario del fallecido, pasar por su lugar preferido…) o en ocasiones diversas, sentir cosas y tener recuerdos, pero habrá que evaluar qué reacciones está teniendo y cuánto tiempo ha pasado. Quizás se pueda considerar algo exagerado.
  • Reacciones de duelo retrasadas: puede ocurrir que al producirse el fallecimiento, la reacción de la persona que lo vive sea escasa o no la suficiente respecto a lo que se considera habitual. No se debe a que la persona sea muy fría o no esté triste por la pérdida, o que lo esté haciendo voluntariamente, sino a que ese duelo se ha quedado bloqueado dentro de ella. Será cuestión de tiempo que  acabe saliendo y de una forma nada natural, posiblemente exagerada. Por ello es necesario comprobar que la persona es consciente de la pérdida y pueda dejar salir todos sus sentimientos en los días siguientes a la pérdida.
  • Reacciones de duelo exageradas: pueden entrar aquí los casos en los que, tras la pérdida, surja un malestar interno tan profundo que la persona no sea capaz de superarlo, y acabe su recorrido en un trastorno o problema médico:
    • Depresión clínica diagnosticada
    • Trastornos de ansiedad, con ataques de pánico y otras manifestaciones
    • Fobias intensas
    • Trastorno de estrés postraumático
    • Alcoholismo y adicción a sustancias, entre otras conductas peligrosas
  • Reacciones de duelo reprimidas o enmascaradas: hay personas que no se sienten preparadas para afrontar la pérdida sin venirse abajo. Por ello, emplean mecanismos para reprimir esas emociones o taparlas con otras conductas, y así evitar ser dañados. Sin embargo, todo acaba saliendo, por ejemplo a través de síntomas físicos (desarrollar un trastorno psicosomático o sufrir problemas médicos de esa tensión acumulada dentro que no puede salir), o a través de conductas extrañas o inadaptadas que no solía hacer antes.

 

Bueno, este es un tema muy específico que hace difícil una aplicación práctica, lo comprendo. Sin embargo, espero haberte aportado información útil.

Un abrazo enorme de parte de Álex.

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