El duelo. Cuando perdemos a una persona cercana. Parte práctica

 

Hola amigo lector, ¿Cómo estás? ¿Qué tal te va?

En este artículo anterior, viste algunos datos interesantes sobre el proceso de duelo, y aquellas circunstancias que pueden hacer que un duelo se considere como complicado, y deba resolverse de una forma más activa. En el presente artículo, te daré información algo más práctica, y algunas recomendaciones útiles que las personas en duelo pueden aprovechar para su mejora.

 

TAREAS DEL DUELO

 

Este punto es especialmente importante. Trata de las tareas del duelo. Es decir, aquello que la persona en duelo ha de realizar y superar para poder avanzar en su proceso. Dejar alguna sin superar, supondría que el duelo no pueda resolverse adecuadamente, estancándose o surgiendo complicaciones. Aquí vienen:

Tarea 1: aceptar que la muerte ha sucedido, que es real: ya vimos en el anterior artículo, que pueden haber circunstancias que faciliten esa sensación de irrealidad, de incredulidad sobre la muerte. E incluso en un fallecimiento de características normales, puede ocurrir también. Y este primer paso para avanzar en el duelo es especialmente importante. La persona debe aceptar que la persona fallecida ya no está, y no volverá, por duro que parezca. Podemos encontrar a personas que nieguen la muerte, que consideren que quizás no haya ocurrido, o que la persona de alguna forma volverá (a veces incluyendo prácticas de espiritismo para que ese encuentro se produzca). Hay muchas conductas que pueden darnos pistas de que la persona guarda en su mente una posibilidad de reencuentro. No consideres esto como algo patológico. A menudo, estos sentimientos son comprensibles, pues aceptar que una persona cercana no va a volver nunca más puede llevar a muchos a crearse este tipo de barreras, de forma inconsciente. Sin embargo, la persona tendrá que aceptar la realidad tarde o temprano para poder avanzar. 

Tarea 2: elaborar el dolor tras la pérdida: este punto es muy importante. Cualquier persona que haya perdido a alguien cercano, sentirá inevitablemente dolor. Pero a veces, tolerar ese dolor o las numerosas emociones y sensaciones puede considerarse una tarea imposible para muchos. Para soportar mejor ese dolor, o no sentirlo, a veces se pueden observar conductas inadecuadas como:

  • Rechazar o bloquear ese dolor: por medio de distracciones, de «no pensar», de actividades que le mantengan ocupado, etc. Es decir, una forma de evitación.
  • Auto-imposiciones: «no debes sentir dolor», «no llores, sé fuerte», «sigue con tu vida, no pienses en el pasado», etc. Son una máscara que la persona se pone, pero que impide que pueda hacer conscientes sus verdaderos sentimientos, expresar aquello que ha de salir y que existe aunque la persona intente negarlo o taparlo.
  • Retocar la realidad, crear una historia alrededor del suceso: si la muerte produce dolor, o incluso se ha producido en circunstancias nada agradables, algunas personas tratan de modificar aquello que ha pasado hacia una forma más positiva de verlo y así no sentir ese dolor. Un retoque o adorno de la historia. Pero, por desgracia, cualquier intento de quitar carga negativa a la historia será inútil, pues la persona realmente sabe lo que sucedió, y no hay engaño posible que funcione.
  • Modificar su visión del fallecido: por ejemplo, tratar de ver a la persona en su peor versión, o querer recordar sólo lo malo de ella. Esto tiene lógica, pues oscureciendo la imagen que tenemos del fallecido, debería ser más fácil no sentir tanta pena o dolor con su muerte. Sin embargo, son estrategias que tratan de tapar un dolor que debe salir, y que de hecho lo hará. Estas estrategias tienen fecha de caducidad, y habrán de solucionarse cuanto antes. 

Tarea 3: adaptarse a la nueva vida sin el fallecido. Tres son los tipos de adaptaciones que han de realizar las personas en duelo:

  • Adaptaciones externas: tras el fallecimiento, muchas veces nos damos cuenta de todos los roles que desempeñaba esa persona. Y tras el suceso, las personas cercanas a menudo han de aprender nuevas habilidades o adaptarse a nuevas rutinas.
  • Adaptaciones internas: el fallecimiento también produce cambios sobre la visión que uno tiene de sí mismo. En muchos casos, perder a alguien muy cercano significa reconsiderar lo que uno es, y la parte propia que existía con el fallecido y ahora se encuentra aislada. Muchas personas pueden verse diferentes, cambia su identidad: verse incapaces, empobrecidos, inseguros, etc.
  • Adaptaciones espirituales: es decir, cambios en el sentido de la vida y aspectos relacionados con la vida y la muerte. El fallecimiento entra en contacto con las creencias y valores religiosos, espirituales, filosóficos, etc., de la persona, y abre nuevas reflexiones.

Estas adaptaciones habrán de realizarse, pues la vida de la persona en duelo continúa, y debe convertirse de nuevo en una vida satisfactoria, que merezca la pena. Una nueva etapa.

Tarea 4: encontrar una conexión con el fallecido. Es importante y necesario hallar formas de recordar a la persona fallecida, de tenerla en la propia vida. Una conexión, un «llevar consigo» a esa persona pero sin que ello afecte al recorrido por la vida, al funcionamiento personal, al vivir libre. Por mostrarte un ejemplo, a veces iniciar una nueva relación años después de haber fallecido el cónyuge, puede resultar imposible para algunos. Ello puede ser indicativo de que todavía la persona no ha sido capaz de adaptarse tras la pérdida, y será importante solucionarlo para poder continuar.

PAUTAS GENERALES

 

Ahora te expongo algunas pautas que pueden utilizarse para que las personas en duelo vayan avanzando más fácilmente en el proceso. Aunque, claro está, que no existe un remedio rápido y sencillo, como mágico. Cada duelo es único y cada persona también. Pero, aunque generales, estas pautas tienen mucha lógica y son muy válidas:

  • Lenguaje: a menudo la persona en duelo no consigue hablar de las cosas tal y como son, costándole emplear un lenguaje claro y tajante sobre el tema. Un ejemplo puede ser hablar de la persona fallecida en presente «mi marido es..», como si no se hubiera marchado. O por ejemplo, «mi marido se fue», en vez de decir «mi marido falleció». Puede parecer algo sencillo, pero para muchas personas resulta complicado emplear estas palabras que, al fin y al cabo, describen lo que ha ocurrido de la forma más clara y dolorosa posible. 
  • Expresarse: los sentimientos negativos han de salir. Muchos creen que dejar salir lo malo, o «desahogarse», es un signo de debilidad, como si lo correcto fuera guardarse el problema para uno mismo y superarlo en solitario. Ah, y sin llorar o tener la necesidad de contarlo o buscar ayuda. Todo lo contrario. Los pensamientos y las emociones sobre el fallecido han de salir. Pero a menudo no es fácil. Por ello, puede hacerse de varias formas: simplemente hablando con personas de confianza; haciendo un dibujo que exprese el mundo interno; escribiendo una carta al fallecido, un poema o cualquier otra forma de expresión escrita; elaborar una canción, etc. De esta forma, la realidad que muchas veces no ha conseguido salir a la luz, podrá salir con el alivio que ello supone.
  • Hablar… y hablar: es muy importante que la persona vaya hablando de lo que ocurrió y de la persona que ha fallecido. Al principio resultará muy complicado, pero con el paso del tiempo, al final surgirán sentimientos más tolerables y hablar de la persona fallecida ya no generará tanto dolor.
  • Pedir ayuda: ya comentamos que adaptarse a una nueva vida, que lleva consigo cambios a todos los niveles, puede suponer un obstáculo que muchos no consiguen superar.  No sólo debe realizarse una adaptación emocional, sino también a un nivel práctico (los papeles que cada uno desempeñaba, las tareas diarias, el sistema familiar y social, la economía, etc.). En la mayoría de casos, se hace necesaria una ayuda por parte del entorno más cercano para cubrir aquellas tareas o complicaciones que la persona en duelo no puede o sabe hacer. A veces cuesta pedir ayuda, como si estuviéramos pidiendo un favor enorme, el famoso «me sabe mal», pero todo lo contrario; las personas cercanas serán las primeras en querer ayudar, pues otro día ellas serán ayudadas.
  • Tener una vida activa: aunque tras la pérdida puede disminuir considerablemente el interés por hacer cosas, justo ese momento es el que hay que aprovechar para continuar realizando actividades estimulantes y placenteras. Hay que continuar con aquellos hobbies y actividades que hacen a la persona feliz. Hacer deporte siempre es importante, pues éste no sólo actúa sobre el cuerpo, sino también sobre la mente. Vivir nuevas experiencias, experimentar sentimientos agradables. No quedarse en la rutina.

 

Bien, con esto será suficiente. Un saludo enorme de parte de Álex.

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