Cómo ser habilidoso socialmente

 

Hola amigo lector. ¿Todo bien? Espero que sí.

Hoy te traigo un tema útil para todos los momentos en los que compartas tiempo con otra gente: reuniones familiares, planes con amigos… y en cualquier conversación.

 

INTRODUCCIÓN

 

Es muy fácil que durante años hayamos adquirido una forma de comportarnos muy repetitiva, que no nos damos cuenta de que está, pero los demás desde luego sí. Puede ser que tengamos la típica manía de mirar al suelo mucho cuando nos hablan, de tocarnos el pelo cada 5 segundos, o de mojarnos los labios con la lengua casi cada vez que vamos a hablar. Y así más de veinte veces por conversación. Te sorprenderías. O bien puede ser que nuestro patrón de comportamiento muestre facetas de nosotros que no nos gustaría mostrar (timidez, nerviosismo, etc.). ¿No os ha dicho nunca nadie la frase de “es que se te ve un chico nervioso”, o “es que se la ve muy tímida e inocente”? Pues muy posiblemente lo estemos mostrando con nuestros gestos, con nuestro cuerpo. Pero incluso en el lenguaje podemos dar información sobre nosotros, no sólo con el tono y volumen, sino con las propias palabras. O incluso con la rapidez del habla, las pausas que realicemos, etc. Es gracioso pero… ¡A menudo parece que detectan más los demás que nosotros mismos! Y esto sucede porque no nos prestamos suficiente atención. 

Y no debemos olvidarnos de la impresión que generamos mediante nuestras palabras. A menudo, sin darnos cuenta, empleamos un lenguaje que no nos permite llegar a los objetivos que nos proponemos, y generamos una mala impresión. Vivimos en sociedad, y queramos o no, tenemos que relacionarnos con más personas. Y voy más allá: necesitamos relacionarnos BIEN con esas personas para poder avanzar en la vida. Nuestra forma de comportarnos no es lo único. Nuestra forma de expresarnos verbalmente es igual de importante.

Por ello, aquí van unos trucos para que tengas más éxito en tus relaciones con los demás.

 

INICIAR CONVERSACIONES

 

¿Esperamos siempre a que alguien nos hable? Grave error…

Puede suceder que no sepamos de qué hablar o que seamos tímidos o inseguros para hacerlo. No pasa nada. Pero si esperamos a ser hablados y no tenemos iniciativa, muy posiblemente los demás no sentirán cercanía por nosotros, y no nos buscarán en un futuro. ¿Cómo iniciar conversaciones?

Lo primero es un saludo adecuado. Tres pasos:

  • Primero, un saludo inicial como: “Hola”, “Qué hay”, “¡Cuánto tiempo!”. Acompañado de dos besos, de un abrazo, de estrechar las manos, etc. Lo que corresponda.
  • Segundo, mostrar interés por el otro: “¿Qué tal estás?”, “¿Cómo te va todo?”, “Oye, cuéntame cómo te fue tal cosa”.
  • Tercero, realizar un cumplido: “Oye, te veo muy bien”, “Que alegría me da verte”, “Vaya, me encanta tu pelo”

Con esto, generaremos la impresión de que somos educados, atentos y cordiales. Después de eso, ya podremos iniciar una conversación o preguntar a la otra persona, pues habremos creado el buen rollo necesario. Si por ejemplo la otra persona ha seguido estos tres pasos (o los dos primeros por lo menos) y nosotros no, parecerá que no nos hemos interesado por esa persona. Quedará egoísta. A menudo sucede. Lo hacemos sin darnos cuenta, y será importante tenerlo controlado.

Si no sabes de qué hablar, y el silencio llega… ¡varias opciones!

  • Tópicos: “Vengo sudando… a ver si llega ya el otoño”. Cualquier tópico sirve. Pero conviene que seas creativo y que no sea el de siempre como: «Qué buen tiempo hace» o «Parece que ha cambiado el tiempo».
  • Cumplidos seguidos de una pregunta: “Qué bonita es tu camiseta, yo tengo una similar”, «Que sonriente te veo, ¿has tenido un buen día?». Eso iniciará una conversación muy posiblemente.
  • Alguna  experiencia tuya reciente: “Pues me ha costado llegar aquí, había tráfico. Vivo en tal sitio y está lejos”, “Discúlpame, vengo cansado porque he tenido una tarde muy liada… (te preguntarán por esa tarde y se iniciará una conversación gracias a ti)” 

 

LLEVAR CONVERSACIONES

 

  • Inclúyete, y te incluirán: Antes de decir tú una frase, el paso previo es que hayas estado atento a las conversaciones de los demás: siguiéndolas con la mirada, sonriendo o con algún tipo de gesto, o bien diciendo palabras tan sencillas como “cierto”, o “así es”, o “anda, qué cosas”. Eso tan simple da información al otro de que estamos incluidos en su conversación. ¿Verdad que queda raro (o grosero) que alguien que ha estado “desconectado” de repente empiece una conversación y quiera que le escuchen?
  • Cuida tu lenguaje corporal: Cuando hables has de intentar mirar a los que te están escuchando, y no hablar por ejemplo mirando hacia abajo o al cielo. Pues ellos están gastando tiempo en prestarte atención (pudiendo irse a otras conversaciones), y has de demostrarles que lo agradeces incluyéndolos con tu mirada.
  • Cuida tu forma de expresarte: No parezcas muy agitado, o hables de forma tan tímida que no generes interés. Con hablar con una velocidad adecuada y un tono relajado es suficiente. Si hablas muy rápido o de forma muy activa, ello resulta estresante. Si hablas muy despacito y de forma muy simple (con pocos gestos o mirando al suelo), eso generará aburrimiento y los demás desconectarán más fácilmente. Intenta cuidar todo eso. Intenta que quede natural.
  • Añade algo a una conversación ajena: “Exacto, eso me pasó a mí. Por ejemplo, en mi caso…”, “Estoy de acuerdo con lo que dices, a mí lo que me gusta es…”.
  • Muestra interés por las otras personas. “Que curioso eso que dices. Oye, entonces ¿te refieres a que…?” “¿Por tanto estás también de acuerdo con…?”, “¡Has viajado muchísimo entonces! ¿A qué sitios no has ido todavía?”. Hay muchas opciones.

 

FINALIZAR CONVERSACIONES

 

En muchas ocasiones nos encontraremos a personas que hablan sin apenas realizar pausas. Y que encadenan una frase tras otra y resulta difícil o incómodo cortarles para decir que te tienes que marchar. Otras veces, simplemente no sabrás cómo despedirte sin parecer grosero. Aquí tienes algunos trucos:

  • Un cumplido seguido de una despedida: “Me lo he pasado genial, pero se me ha hecho tarde ya. A ver si repetimos”. “Me ha alegrado muchísimo verte. Otro día me cuentas más, ¿sí?” “Bueno chicos, aquí os tengo que dejar. Ha estado genial. Muchas gracias por la cena”

Si la otra persona habla mucho…

  • Aprovechar una pausa para introducir con rapidez la despedida, pero no sin antes comentar rápidamente su última frase para cerrar de forma educada el tema: “Bueno, que interesante esto que me cuentas. Otro día continuamos, que me has dejado sorprendido” “Pues vaya, qué cosas he aprendido hoy. Seguimos otro día, ¿vale? Se me hace tarde ya”

Si no existen pausas…

  • Muestra prisa, y luego pide a la persona finalizar con su último tema: Por ejemplo puedes mirar la hora en el móvil, y seguidamente decir sin miedo a cortar la conversación: “¡Ostras, qué tarde es! Acaba de contarme esto último y nos despedimos, ¿si?”. Con eso entenderá que sólo puede contarte un par de frases más porque tienes prisa. 

Lenguaje no verbal: por si todo lo otro falla

Puedes aportar “pistas” a la otra persona de que tienes mucha prisa. Puede parecer algunas veces algo forzado, pero a veces puede ser lo único que funcione. Ejemplos:

  • Mirar la hora del móvil o del reloj, dar un paso hacia atrás y dirigir la mirada a la otra calle, ir recogiendo tus cosas si estás en una mesa, etc. Y desde luego… ¡No contestar la  frase del otro, o añadir algo a la conversación!

 

HACER PETICIONES

 

Hacer peticiones no es algo que te deba “sentar mal”. El famoso “me sabe mal” hemos de eliminarlo de nuestra cabeza, pues todo el mundo se pide cosas constantemente, y lo importante es que haya un equilibrio entre lo que te piden y lo que pides tú. Al fin y al cabo, las personas somos felices de ayudar a los demás, y no nos parece un “rollo” ayudar a alguien a quien queremos o apreciamos. Dicho esto, es importante saber qué pedir y cómo hacerlo.

Qué pedir:

  • Deben ser peticiones razonables. Nada que sea demasiado costoso para la otra persona y le suponga un verdadero problema en su vida. A veces pedimos cosas que podrían ponerle al otro en un problema, o que no serían del todo “éticas”. Hay que tener cuidado con lo que se pide, y saber que no debemos pedirle al otro lo que nosotros no haríamos. Para pedir, hay que tener el doble de empatía con la otra persona, y ponernos en su situación. Por ejemplo, si la otra persona tiene un mal día o tiene poco tiempo, deberíamos dejar la petición para otro momento.
  • Debemos contemplar la magnitud de lo que pedimos, y a quién se lo pedimos. No deberíamos pedir cosas importantes o muchas cosas seguidas a alguien que no sea muy cercano. Pues generaríamos rechazo. Sería la típica persona «con mucho morro». Tampoco deberíamos pedir cosas comprometedoras a alguien si con ello le podríamos generar un problema (aunque la posibilidad sea mínima).

Cómo pedir:

  • Sé claro y a la vez amable: “Oye Álex, necesito ayuda con tal cosa, y no puedo hacerlo yo. Me gustaría que me ayudes, si te viene bien” “Álex, tengo que ir a tal sitio mañana y me he quedado sin coche. ¿Tú podrías llevarme?”… No hace falta dar demasiadas explicaciones, pues la mayoría de veces la otra persona no las necesita: porque confía en ti, te conoce y sabe que no le pedirías algo si no fuese importante.
  • Expresarlo como una opción, no como una obligación. Puedes añadir esto después de realizar la petición: “Si te viene bien…”, “No quiero causarte un problema”, “Si no puedes, dímelo con toda tranquilidad”. Por supuesto, evitar frases como: “Oye, mañana vente a mi casa que tienes que ayudarme a…”, “Álex, déjame tu coche para mañana, que me ha surgido algo…” Estas frases están mal, porque dan la sensación de que la otra persona ha asignado ya que le vas a ayudar, sin preguntarte o saber si te viene bien o mal. Y repito: una petición no es una obligación. Además, estas últimas frases no contienen amabilidad como “por favor”, o “si te viene bien”. Es básico.
  • Cómo tolerar el NO: Cuando os rechacen una petición diciendo que «no pueden» o que «no les viene bien», no caigas en el error de pedir explicaciones o desconfiar. Me refiero a frases injustas como: “Yo lo hubiera hecho por ti”, “Tranquilo que ya no te pediré nada más”, “Ni que te hubiese pedido dar la vuelta al mundo…”, “¿Por qué no puedes hacerlo? A ver, cuéntame cómo de liada tienes la tarde”.
    • Debemos entender que el otro es libre de decir “NO” siempre que quiera. Y no debemos meternos en SUS razones. Debemos comprender que si la otra persona nos quiere, será la primera en querer ayudarnos y tendrá sus motivos para no poder hacerlo. No debemos ser mal pensados, al revés.
    • Imagina ahora que te piden algo a ti, y dices que «NO». A veces encontramos personas que al recibir un “NO”, nos piden que les demos explicaciones para de algún modo comprobar si ese “no” que les hemos dado es justificado. No caigáis en ese grandísimo error, no deis explicaciones si no queréis. Mientras sea justificado el «no» para vosotros, no necesitáis la justificación de los demás.

Cómo finalizar si han aceptado ayudarte:

  • Si la persona te dice que SI, después viene bien agradecérselo: “¿Sí? Gracias amigo. Te invitaré a tomar algo”, “Muchísimas gracias. Siéntete cómodo de pedirme lo que necesites”, «Te debo una, tío».
  • Si te animas, puedes hacer uso de algo tan simple (pero que demuestra agradecimiento también) como tocarle el hombro mientras le das las gracias, o darle un abrazo. El agradecimiento es necesario, porque repito: la persona podría haberse negado (tiene sus razones) o quizás te ha ayudado viniéndole mal.

 

RECHAZAR PETICIONES

 

Más veces de las que creemos, encontramos dificultades en rechazar peticiones ajenas. Nos sabe mal decir que no, y lo vemos como algo egoísta. Sin embargo, no debes olvidar tus «derechos asertivos«, que son los derechos que debes defender si no quieres que se forme un desequilibrio en tu vida, donde los derechos ajenos estarían por encima de los tuyos. Para decir que «no» a una petición, es importante hacerlo de forma asertiva. Esto es: expresarse de forma clara y firme, pero sin pasar a los extremos (bien siendo borde, o dejándote «liar» por el otro). A veces al decir que «no» podemos expresarnos con el llamado «estilo agresivo»: «No puedo», «No lo voy a hacer», «No. Pídeselo a otro», «Ni de lejos». Un estilo borde, distante, sin empatía por el otro. Pero también podemos caer en el «estilo inhibido»: consistiría por ejemplo en dejarse liar y acabar cediendo tras una poca insistencia del otro, o bien expresando un malestar demasiado alto al decir que «no», o estando después dándole vueltas mucho tiempo al hecho de que la otra persona podría haberse molestado al decirle «no». En el punto medio está la virtud, y por ello te explico algunas pautas para decir «NO» correctamente, sin dañar ni ser dañado:

Paso previo: debes ser generoso, y ayudar siempre que puedas a los demás. Hoy ayudarás tú, y mañana te ayudarán a ti. Para que te cuiden, tienes que cuidar. Por ello, siempre que puedas, intenta acceder a las peticiones que te hagan tus personas cercanas. Pero en los casos donde decidas decir que «no», sigue estos tres pasos:

  • Paso 1: Expresa interés: «Me gustaría mucho ayudarte, no te miento, pero…», «Ostras. Que pena no poder, hoy me es imposible», «Agradezco que cuentes conmigo, y me hubiera encantado, pero…». Se trata de que la otra persona detecte interés, que estabas dispuesto a ayudarle y que lo hubieras hecho en otras circunstancias.
  • Paso 2: Di que NO de forma clara: «No voy a poder ayudarte con eso», «Hoy es imposible», «No puedo acceder a eso» (se trata de frases contundentes, sin rodeos. Debe quedar claro que no puedes. Las explicaciones que quieras dar, depende de ti, pero te aconsejo que no des muchas (o ninguna) porque ningún buen amigo/familiar te las tendría por qué pedir, y es una privacidad que tienes derecho a guardarla si quieres.
  • Paso 3: Sé generoso, ten empatía: «Lo siento mucho», «Para cualquier otra cosa, dímelo», «Aún así, si necesitas algo más, coméntamelo», «Si te parece cuéntame cómo te ha ido cuando lo resuelvas». Se trata de expresar desagrado por no poder ayudar. No eres alguien frío, que dice que no sin sentir nada en absoluto.

Ejemplo:

Un amigo te pide que le lleves a la universidad en coche a recoger un documento, a unos pocos kilómetros. Ese día no te viene bien, porque tienes un examen al día siguiente y quieres sacar una buena nota. Y aunque podrías hacerlo, eso te quitaría horas de estudio ese día y no te viene bien. Le podrías decir lo siguiente:

  • Álex, me encantaría poder ayudarte, y tú lo sabes. Pero hoy no puedo llevarte, tengo un día muy ocupado. Discúlpame, y para cualquier otra cosa, me dices.

 

LENGUAJE NO VERBAL

 

En el artículo sobre habilidades sociales, te muestro cómo se ven las personas desde fuera atendiendo a si llevan un estilo más agresivo o más inhibido. Sus gestos, su expresión corporal, todo da información a la otra persona de cómo somos. Ahora te voy a dar unos consejos sobre cómo generar cercanía en los demás con tu cuerpo.  Eso sí, este apartado será muy breve pues este tema es demasiado amplio. Adelante:

  • Posición de los pies: cuando estés hablando con alguien, lo ideal es que tu cuerpo y tus pies estén dirigidos en dirección a la persona con la que estás interactuando. Si son dos personas, puedes apuntar en una dirección intermedia entre los dos. Ello, de forma inconsciente, dará la impresión a la otra persona de que estás interesado en ella, de que eres cercano y te interesa lo que te está contando.
  • Posición del cuerpo: imagina que estás sentado en un sofá con la otra persona al lado. Para mostrar cercanía e interés, y que la otra persona esté cómoda contigo, lo idea es girar un poco el cuerpo hacia esa persona, y poner una pierna doblada por debajo de la otra para estar más cómodo en esa postura.
  • Contacto visual: ¿no te ha pasado nunca que te sientes incómodo hablando con una persona con las gafas de sol puestas? A mí mucho, he de reconocerlo. No poder ver bien los ojos de la otra persona me incomoda. Es mi manía personal. El contacto visual es muy importante, pues puedes obtener mucha información de ello. Por tanto, la idea es que mantengas un contacto visual con las personas con las que te comuniques. Eso si, intenta que el contacto visual no sea demasiado rígido y duradero, pues podría poner nervioso o incomodar al otro.
  • Gestos con las manos y brazos: a menudo encontramos personas que apenas mueven el cuerpo, sólo la boca. Y al revés, personas más nerviosas que se mueven mucho al hablar. ¿Qué te parece si te observas e intentas utilizar los gestos en su justa medida? Para ello, piensa en una cosa: ¿Tus gestos acompañan al mensaje verbal y lo enriquecen, o por el contrario lo tapan o lo desbordan? La idea es ser consciente de nuestra forma de expresarnos, y que el tipo de gestos y su cantidad sean adecuados para que el mensaje quede lo más claro posible. Si hay exceso de gestos, la persona podría fácilmente despistarse y no atender bien el mensaje verbal. Y si hay pocos, quizás no reciban toda la información que tú les quieres dar.

 

Bueno, con esto espero haberte aportado la información que necesitas. ¡Aplícalo, y me cuentas!

 

¡Un abrazo enorme de parte de Álex!

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